La segunda edición del Pan African AI & Innovation Summit abrió ayer en Accra y cierra hoy en el Kempinski Hotel Gold Coast City. Casi tres semanas después de que la Asamblea General de la ONU respaldara sustituir progresivamente la proyección de Mercator por representaciones que reflejen con mayor fidelidad el tamaño relativo de los continentes —de lo que hablábamos en la nota de ayer—, la primera jornada de la cumbre trasladó una pregunta semejante a un terreno mucho más material: quién construye los sistemas que describen África y quién controla lo que entra y sale de ellos.
La jurisdicción antes que la retórica
La apertura del bloque de gobernanza corrió a cargo de Arnold Kavaarpuo, director ejecutivo de la Comisión de Protección de Datos de Ghana. Su planteamiento fue deliberadamente poco espectacular. Distinguió entre una empresa global, capaz de operar en un mercado sin presencia efectiva, y una compañía establecida fiscalmente dentro de una jurisdicción. Para Kavaarpuo, esa presencia es una condición para que la regulación pueda producir efectos reales.
Con ella llega la capacidad de gobernar el acceso al mercado, determinar qué clase de datos entran en un modelo y examinar los efectos de sus decisiones sobre las personas. También permite utilizar la contratación pública para exigir auditabilidad, portabilidad y la posibilidad efectiva de cambiar de proveedor.
Kavaarpuo explicó además que preside el grupo de trabajo sobre transferencias transfronterizas de la Network of African Data Protection Authorities (NADPA). El grupo trabaja en un modelo africano para mover información entre jurisdicciones sin perder las protecciones asociadas a ella. Entre las herramientas mencionó decisiones de adecuación, cláusulas contractuales estándar, reglas corporativas vinculantes, certificaciones y autorizaciones específicas para información de mayor riesgo.
La soberanía empezaba así a abandonar el vocabulario de las declaraciones para entrar en el de los contratos.
Cuatro palabras: localización, control, propiedad y valor
El panel central de la tarde, moderado por Patrice Robertson, reunió a Darlington Akogo, de minoHealth AI Labs; Naa Adoley Azu, del Institute for AI Policy and Governance; y George Gabla, Chief Technology Officer de Dynamic Data Solutions. El título proponía pasar de la discusión al borrador de un marco de datos soberano. Robertson condensó después el intercambio en cuatro palabras: localización, control, propiedad y valor.
Akogo fue quien formuló el argumento más frontal. Preguntó si recoger datos africanos para entregarlos a una empresa estadounidense que los incorpora a sus modelos no reproduce una forma de “colonización digital”. La soberanía, sostuvo, no consiste únicamente en almacenar y estructurar información. También implica conservar capacidad sobre los conocimientos y las tecnologías construidos encima de ella, porque los datos constituyen solo una capa del stack de la IA.
Azu llevó el argumento más allá de la localización física. Tener un centro de datos dentro del propio territorio no garantiza soberanía si las instituciones no pueden auditar qué ocurre en él, conocer sus usos secundarios o detener determinadas operaciones. La soberanía se juega también en las condiciones contractuales mediante las que se autoriza el acceso a los datos, se definen sus usos y se establece quién conserva capacidad de intervención.
La infraestructura tampoco es neutra. Los centros de datos ocupan suelo, utilizan agua y consumen energía. Puede ocurrir que unas comunidades absorban esos costes mientras el valor generado termina en otro lugar. La propiedad formal del dato explica entonces solo una parte de la relación.
Gabla llevó la analogía con el extractivismo bastante más lejos, hasta incluir explícitamente la esclavitud entre los antecedentes históricos con los que comparó el problema. Su argumento fue que África no debería repetir un patrón en el que exporta recursos sin controlar las capas posteriores de valor y décadas después reclama compensaciones. Propuso pensar desde ahora en el lugar que el continente ocupa dentro de la cadena de valor de la IA y en un posible “dividendo de la IA” que permita devolver parte de los incrementos de productividad a las sociedades donde se producen sus efectos.
También defendió una IA frugal, construida a partir de las restricciones reales del continente en energía, conectividad y capacidad de cómputo. La autonomía tecnológica, desde esa perspectiva, no exige reproducir a escala africana toda la infraestructura de Silicon Valley, sino decidir qué capacidad es suficiente para conservar margen de negociación.
La pregunta que faltaba —qué obtiene la gente cuyos datos hacen posibles esos sistemas— apareció a continuación. Akogo describió un proyecto de detección de plagas mediante drones para cultivos de anacardo en Ghana, desarrollado con GIZ, el Ministerio de Agricultura y comunidades agrícolas. En lugar de pagar individualmente por cada dato obtenido, el proyecto devolvió valor ofreciendo gratuitamente la herramienta resultante y formando a personas agricultoras y personal de extensión.
En salud planteó el mismo problema mediante un ejemplo deliberadamente simplificado. Si se tomara como referencia una población de 30 millones de personas y se pagaran diez dólares a cada una por utilizar sus datos, el coste inicial ascendería a 300 millones de dólares. Su conclusión fue que la devolución de valor no tiene por qué ser siempre monetaria, pero sí debe formar parte del diseño y ser sostenible.
La infraestructura que hace o deshace la soberanía
Ruben Opata, Chief Technology Officer de MTN Ghana, bajó después la conversación a su soporte físico.
En África, las redes 5G alcanzan aproximadamente al 12 % de la población, frente al 74 % en Europa y el 70 % en Asia-Pacífico, según las cifras de la ITU para 2025. La brecha es todavía mayor en los centros de datos: el continente reúne alrededor del 0,6 % de la capacidad mundial pese a concentrar cerca de una quinta parte de la población global.
Opata planteó el problema mediante una formulación especialmente precisa. Sin infraestructura propia, África corre el riesgo de exportar datos en bruto y volver a importarlos convertidos en inteligencia.
La vulnerabilidad no es teórica. El 14 de marzo de 2024, un mismo incidente frente a la costa de Côte d’Ivoire dejó fuera de servicio los cables ACE, SAT-3, WACS y MainOne. Las disrupciones afectaron a 13 países africanos y mostraron hasta qué punto gran parte de la conectividad regional podía depender de un número reducido de rutas.
Energía, conectividad, centros de datos y capacidad de cómputo aparecen así antes que los grandes modelos. Opata terminó recordando que la conectividad ya constituye una infraestructura nacional crítica incluso antes de incorporar la inteligencia artificial a la ecuación.
El panafricanismo, en segundo plano
La última conversación del día preguntó si el panafricanismo conserva capacidad para organizar políticamente la nueva economía tecnológica.
Joseph Kweku Assan recuperó las tres dimensiones que atribuyó al proyecto panafricanista histórico: emancipación política, cooperación diplomática y desarrollo compartido. A su juicio, esta última quedó mucho menos desarrollada que las anteriores. Las generaciones actuales no han vivido plenamente esa dimensión económica y tecnológica común y, por ello, la inteligencia artificial puede aparecer como algo externo al propio imaginario panafricano.
Reginald Ankrah mostró qué significa esa fragmentación en la práctica. Describió un sistema sanitario desarrollado con instituciones de Ghana y Côte d’Ivoire que, al cruzar la frontera, encuentra marcos regulatorios incompatibles pese a que las organizaciones implicadas colaboran entre sí. Los modelos pueden modificarse con enorme rapidez; los datos, las reglas que permiten utilizarlos y las instituciones que los supervisan no.
Su diagnóstico fue que África continúa construyendo políticas, sistemas y bases de datos en silos nacionales. La consecuencia es paradójica. El continente reclama mayor soberanía frente a compañías e infraestructuras globales mientras mantiene fuertes barreras internas para compartir datos, tecnología y capacidad institucional entre sus propios Estados.
Assan añadió otra dificultad. Cuando los recursos son escasos, organizaciones y países pueden terminar compitiendo entre sí en lugar de construir capacidad común. Instituciones como la Unión Africana, Smart Africa o el Banco Africano de Desarrollo aparecen entonces no solo como espacios diplomáticos, sino como posibles infraestructuras de cooperación tecnológica.
El panafricanismo quedó así como una segunda capa de la jornada, menos visible que los centros de datos o los contratos, pero vinculada al mismo problema: la soberanía continental requiere mecanismos que permitan actuar colectivamente, no únicamente estrategias nacionales superpuestas.
Cierre
Felix Donkor, convocante de PAAIS, resumió al final varias horas de discusión mediante una secuencia sencilla. La política sin capital se estanca. El capital sin confianza no llega. Y ninguno de los dos produce demasiado sin implementación.
Hoy, la segunda y última jornada se desarrolla bajo el lema “Talent and Impact”. El programa incluye el cierre y una hoja de ruta hacia 2027, por lo que habrá que comprobar qué parte de las discusiones del primer día consigue traducirse en compromisos verificables.
Para AIthropology, el hilo continúa donde lo dejamos ayer con la disputa por el mapa. Cambiar una representación altera la manera en que un territorio puede ser visto. Accra añadió otra dimensión: en la inteligencia artificial importa también quién posee los instrumentos capaces de producir esa representación, alimentarla con datos, convertirla en decisiones y detenerla cuando sea necesario.
Después de disputar quién puede dibujar África, empieza la disputa por quién puede calcularla.
Fuentes
- Transcripción propia mediante Whisper de la primera jornada de PAAIS 2026, 22 de septiembre de 2026.
- Pan African AI & Innovation Summit, sitio y programa oficial — https://panafricanaisummit.com/
- AIthropology Lab, “Africa at scale” — https://aithropologylab.org/en/notes/africa-at-scale/
- United Nations Office of the Special Adviser on Africa, “Victory for Africa as UN Votes on Resolution to ‘Correct the Map’”, 8 de septiembre de 2026.
- African Union, Continental Artificial Intelligence Strategy, julio de 2024.
- International Telecommunication Union, Facts and Figures 2025.
- Africa Data Centres Association, Data Centres in Africa 2026: The Economic Report.
- Internet Society, 2024 West Africa Submarine Cable Outage Report.
- Ministry of Communication, Digital Technology and Innovations / Ghana News Agency, lanzamiento de la National Artificial Intelligence Strategy 2025–2035.